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El Blog de AS

"Españoles, a las cosas"

Alicia Sánchez López-Covarrubias

"Españoles, a las cosas". La frase es de José Ortega y Gasset. No sé el momento exacto en el que la pronunció o si lo hizo pensando en los desastres “psicológicos”, sociales, políticos y/o económicos del 98, la pérdida (guerras) de Filipinas o Cuba, la Semana Trágica, la sublevación de Jaca, la Sanjurjada el golpe de Estado del 36 o las revueltas y huelga de 1934. Antes, durante o después, ni idea.

Pero, “españoles, a las cosas”, dijo el gran pensador en ese contexto de la nación.

Este artículo, escrito el 15 de abril de 2020, tras 30 días de confinamiento y estado de alarma en España por coronavirus, acumula en un mes, más o menos, 18.000 fallecidos y cerca de 200.000 afectados por la enfermedad.

Tocados económicamente 47 millones de españoles y lo que queda por profundizar en ella. Porque será un socavón.

"Nos han llamado del hospital"

Me senté anoche a escribir estas letras altamente alterada, emocionada, después de la cena. Se oía una sirena de ambulancia pasar por mi barrio. Lo que faltaba para crear ambiente. Me estremecí. Una sirena más. Mis ojos vidriosos estaban a punto de estallar por el mensaje que acababa de recibir por whatsapp.

“Nos han llamado del hospital. Tiene el respirador al máximo. Ya no la colocarán más boca abajo. Se queda boca arriba. Ellos no piensan que haya respuesta positiva. Le van a dar un margen de 24 horas. Se han reunido los médicos de UVI para afrontar el caso y es lo que opinan”. Un hilo de vida se apaga poco a poco, de nuevo, en otra familia. Una señora de 66 años. De cualquier lugar de España. El entrecomillado es textual. Real.

Dieciocho mil fallecidos en un mes en España.

¿Es esta mejor o peor que la España de Ortega y Gasset cuando dejaba caer en sus amasados escritos “españoles, a las cosas”?

¿Qué nos quiere decir Ortega y Gasset? 

- Está bien, ¿Qué nos quieres decir?

¿Qué abramos el debate sobre si una persona de 66 años es mayor/anciana o no lo es? ¿si nuestro estado del bienestar ha estado bien o mal gestionado por los de ahora o por los de antes? ¿falta de previsión? ¿exceso de celo en algunas medidas actuales? ¿es trascedente si el afectado es de derechas o de izquierdas? ¿ponemos crespón, luto nacional o nada? Si resolviéramos alguna de estas cuestiones ¿saldríamos de esta pesadilla? 

“Españoles a las cosas”, no nos enredemos en las palabras, y atengámonos a las realidades, pienso que quería decir d. José. 

Todos intuimos cómo hemos podido llegar a esta situación surrealista. El problema es que nadie sabe –a lo mejor me lo he perdido con tanta saturación informativa- cómo ni cuándo saldremos de ella.

La tercera vía

¿No sacarán las ideologías? Desde luego que la bazofia que por ideología política se está paseando estos días no.
Pero podemos optar, ya que vivimos en un mundo distópico, irreal, por una tercera vía igual de surrealista, la de la honradez, honestidad y dignidad personal, para después y con esos mimbres, reconstruir la sociedad. El mundo. Lo mismo, hasta funcionaba. Sería cuestión de probar a ver qué tal.

De cualquier modo, faltan líderes. Nos faltan personas que nos inspiren, que nos iluminen. Y no soy escéptica, con deciros que creo profundamente hasta en la política y los políticos. Pero nos están faltando líderes que estén a la altura de esta mierda que nadie previó y desde luego muchos erraron en su magnitud. A mi, particularmente, solo Cristo, y aunque parece que últimamente nos está gritando a muchos, no consigo decodificar su menaje. 

Responsables

Nadie estamos exentos. Pero por escurrir un poco el bulto, ¿quizás la Logse? O por profundizar un poco más, la falta de Educación con mayúsculas que ha parido una sociedad con prisas, flojita y caprichosa, con más derechos que deberes y por ende, fabricadora de personas insatisfechas. O quizás el salvajismo económcio y ultraliberalismo (no confundir con liberalismo) en el que la política farmacológica y sanitaria de un país termina decantándose por la fabricación de cremitas antiarrugas -híper rentables y con efectos inmediatos en la felicidad del consumidor- en lugar de por vacunas o investigación. Los estados deberían empezar a meter en sus cuentas de resultados y los partidos en sus estrategias electorales el deber moral. Pero claro, ¿entonces, quien paga el desequilibrio entre derechos y deberes? ¿quién se atreve a quitar la cremitas antiarrugas del mercado a los adiestrados y exigentes consumidores? En fin, un lío complicado.  Por eso hacen falta personas preclaras, líderes que se impliquen en todas las materias. No solo estadistas. 

Permitidme a estas alturas aburridas del artículo que termine con mi d. José: “el verdadero revolucionario lo que tiene que hacer es dejar de pronunciar vocablos retóricos y ponerse a estudiar economía”. Estoy segura que hoy el ensayista liberal nos pondría a estudiar, no solo economía, sino también en procedimientos éticos y factores morales.

"Revolución sin sangre"

Decía otro personaje también en un momento convulso de la historia de España (1981), el enorme Sabino Fernández Campo, que “necesitamos una revolución sin sangre sin violencia pero de profunda transformación en nuestra mentalidad. Una revolución que se emprenda con osadía, sin comodidades pero sin resignarnos ni caer en el desánimo sobre el futuro que nos aguarda”, que por cierto, va a ser jodido.

No perdamos la esperanza. Y por favor, “españoles, a las cosas” y que los líderes capaces –la situación lo precisa, no nos vale cualquiera- tomen los mandos de esta nave llamada HUMANIDAD.

Por las víctimas, afectados y familiares del coronavirus. Para ti C.J. y E. M. por vuestros padres.

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